Internet es un meta-planeta donde puedes encontrar prácticamente cualquier cosa. También es un lugar con sus propias modas, y ahora mismo hay una que domina la industria del videojuego por encima de todas las demás.
Quejarse.
El otro día, Rockstar y Netflix presentaron una nueva vuelta de tuerca a una colaboración que viene de lejos. Conviene recordar esto porque mucha gente habla de la noticia como si ambas empresas acabaran de conocerse.
La novedad es sencilla: el tráiler más esperado de la historia de los videojuegos se estrenará en Netflix y permanecerá allí en exclusiva durante seis horas.
Y, por supuesto, internet ha decidido que esto es un escándalo.
Un muro de pago que ya pagan millones
Lo primero que se repite es que Rockstar ha colocado el tráiler detrás de un muro de pago. Técnicamente, Netflix lo es. Pero hablamos de una plataforma que ya pagan cientos de millones de personas en todo el mundo. Yo me incluyo entre ellas.
Además, me resulta curioso que solo utilicemos la expresión “muro de pago” cuando hay euros de por medio. YouTube también se paga: con una suscripción Premium o entregando tiempo y atención a sus anuncios. Que el acceso no exija sacar la tarjeta en ese preciso momento no significa que no exista una transacción.
Eso no convierte Netflix en un servicio gratuito ni hace que todo el mundo deba contratarlo. Simplemente pone en perspectiva el tamaño real del supuesto agravio: quien no tenga Netflix deberá esperar seis horas para ver oficialmente un anuncio de un videojuego.
Seis horas.
No seis meses. Ni siquiera seis días.
Las exclusivas no las inventó Netflix
También hay que ser muy joven o tener poca memoria para presentar esto como algo nunca visto.
Los medios especializados llevan décadas publicando capturas, entrevistas, portadas, demostraciones, reportajes y tráileres en exclusiva. Las revistas lo hicieron, las televisiones lo hicieron y las webs de videojuegos lo siguen haciendo. Y sí, algunas de esas exclusivas han estado ligadas a medios de pago.
La diferencia no es el modelo. La diferencia es que ahora hablamos de GTA VI, un acontecimiento capaz de convertir seis horas de espera en una ofensa personal para parte de internet.
Rockstar ya ha ganado
Lo que va a hacer Rockstar no me parece malo. Me parece una jugada maestra.
Con un único anuncio ha vuelto a ocupar titulares en la prensa internacional. El día del estreno habrá todavía más gente pendiente del reloj y, durante esas seis horas, se desatará el verdadero espectáculo: fragmentos resubidos, directos, reacciones, retiradas por derechos de autor y una carrera por llevar el contenido a todas las plataformas posibles.
Quienes no quieran pagar Netflix, pero tampoco quieran esperar, hablarán del tráiler. Quienes consideren intolerable la exclusiva hablarán del tráiler. Quienes intenten encontrar una copia hablarán del tráiler. Y quienes ya tengan Netflix también hablarán del tráiler.
Netflix concentrará una cantidad absurda de atención durante seis horas y Rockstar conseguirá que todo internet convierta un anuncio en un acontecimiento. Ambas empresas obtienen exactamente lo que buscaban.
Quejarse está de moda
Pero el fondo del asunto es más sencillo.
¿Por qué nos parece tan mal que una empresa privada, que vende ocio y necesita convencernos para que compremos su próximo producto, coloque un anuncio en una plataforma que no todo el mundo tiene? ¿No solemos quejarnos precisamente de que hay demasiados anuncios?
No hace falta que te guste Netflix. Tampoco tienes que celebrar las exclusivas ni pagar una suscripción por un tráiler. Puedes esperar seis horas y verlo después en el resto de plataformas.
Lo que cuesta entender es que una decisión comercial tan pequeña se convierta en una nueva batalla moral. Nadie está perdiendo el acceso a un servicio esencial. Nadie se queda sin jugar a GTA VI. Rockstar solo ha encontrado una forma de conseguir que millones de personas miren el reloj y hablen de su juego antes de que aparezca un solo segundo nuevo en pantalla.
Internet ha convertido el enfado en entretenimiento y Rockstar lo sabe. Ha usado nuestra necesidad de reaccionar, discutir y sentir que cada decisión empresarial es un ataque personal como parte de su propia campaña.
Quejarse está de moda. Y por eso la exclusiva de GTA VI en Netflix es una jugada maestra.

