Cada vez que Sony da un paso que parece alejar a PlayStation del formato físico, internet arde. Vuelven los mismos argumentos: la preservación, la propiedad, la segunda mano, las colecciones, el miedo a que todo dependa de una tienda digital y, por supuesto, las llamadas al boicot.

Y para ser claro desde el principio: entiendo buena parte de esa reacción. Incluso comparto bastantes de esas preocupaciones.

Pero aquí viene la parte incómoda: no me verás insultando a Sony, ni anunciando un boicot, ni tratando esto como si fuese un ataque personal. Porque creo que el debate sobre el formato físico tiene más zonas grises de las que estamos aceptando.

No quiero que desaparezca el formato físico. Lo que quiero es que la conversación sea un poco más honesta.

No soy precisamente enemigo del formato físico

Tengo 36 años, llevo jugando prácticamente toda mi vida y, aunque mi plataforma favorita siempre ha sido el PC, he tenido muchísimas consolas. No hablo desde fuera ni desde el desprecio al formato físico.

Tengo cientos de juegos en mis estanterías. Sigo comprando físico. Hoy mismo, sin ir más lejos, he reservado Sword Art Online: Echoes of Aincrad. Nunca he vendido un juego ni una consola, siempre pasan a formar parte de mi colección personal.

Es decir, no soy precisamente el perfil de jugador que celebra que desaparezcan las cajas, los discos o las ediciones físicas. Me gustan. Me gusta verlas. Me gusta tenerlas. Me gusta que formen parte de mi historia como jugador.

Precisamente por eso me incomoda un poco que el debate se haya convertido en algo tan simple como “Sony mala, jugadores buenos”.

Comprar físico también tiene sus pequeñas incomodidades

Hay una parte muy poco épica del formato físico de la que se habla menos: a veces es simplemente más incómodo.

Me ha pasado con juegos que esperaba con muchísimas ganas. Los reservo para tenerlos el día de lanzamiento, pero la versión digital se desbloquea a las doce de la noche y la física llega a la mañana siguiente, con suerte. Y alguna vez he acabado haciendo algo bastante absurdo: comprar también la versión digital para jugar desde el minuto uno, mientras la física se queda guardada sin abrir en la estantería.

Edición física de Final Fantasy VII Rebirth sin abrir junto a otros objetos de colección de Final Fantasy

A veces compro físico porque quiero tenerlo, aunque termine jugando antes en digital.

No es un gran drama, obviamente. Es un matiz pequeño, casi tonto. Pero también forma parte de la experiencia real de comprar físico hoy.

El digital tiene riesgos enormes, sobre todo cuando hablamos de ecosistemas cerrados. Pero también tiene ventajas muy evidentes: comodidad, disponibilidad inmediata, cero esperas de envío, cero problemas de stock y acceso desde el primer minuto.

Y eso también cuenta.

No voy a repetir todos los argumentos a favor del físico

No quiero dedicar este artículo a enumerar todas las ventajas del formato físico porque muchas se han repetido hasta la saciedad y, además, estoy de acuerdo con buena parte de ellas.

El físico tiene valor como objeto. Tiene valor como colección. Permite prestar, vender, comprar de segunda mano, regalar, conservar una copia tangible y construir una biblioteca que no depende solo de una cuenta online.

Todo eso me importa.

La cosa es que las partes malas del digital creo que con el tiempo cambiarán. No creo que si Sony o cualquier otra plataforma es grande pueda hacer y deshacer como quiera. Otra cosa es que sea pequeña, entonces simplemente será una opción interesante para un nicho de jugadores e ignorada por el resto.

La segunda mano es buena para el jugador, pero no siempre para el medio

Comprar de segunda mano es legítimo. Vender tus juegos también. Nadie debería sentirse culpable por hacerlo. Cada persona tiene su situación económica, sus prioridades y su forma de consumir ocio.

Pero que algo sea legítimo para el consumidor no significa que no tenga efectos económicos sobre quienes hacen los juegos.

Pongamos un caso extremo: una persona compra una PlayStation y durante varios años juega a cientos de juegos, todos de segunda mano y todos single player.

¿Qué ocurre a nivel económico? Sony puede haber vendido esa consola con poco margen o incluso perdiendo dinero, dependiendo del momento del ciclo de vida. Y ninguno de los estudios que hicieron esos juegos ha visto un euro por esas copias concretas.

Es un caso extremista, claro. No representa a la mayoría. Pero sirve para visualizar algo que normalmente evitamos decir: la segunda mano beneficia muchísimo al jugador individual, pero no siempre beneficia al ecosistema que produce los juegos que ese jugador disfruta.

La verdadera pregunta no es si la segunda mano es buena o mala. La pregunta interesante es otra: ¿cuánta gente compra de segunda mano porque es su única forma real de acceder al hobby y cuánta lo hace simplemente para ahorrar un poco, aunque compraría igual de primera mano?

Si una parte de esas compras pasara a primera mano, los estudios recibirían más dinero. Y si te gustan los juegos de un estudio, te interesa de forma bastante egoísta que ese estudio pueda seguir funcionando.

Esto no convierte la segunda mano en algo malo. Pero sí convierte el debate en algo bastante más complejo que “físico bueno, digital malo”.

La piratería como puerta de entrada, no como respuesta universal

También he visto mucho en redes el argumento de que movimientos como este solo van a fomentar la piratería.

Y aquí mi posición vuelve a ser incómoda.

Siempre he entendido la piratería como una puerta de entrada para quien no puede permitirse el gasto real. No me escandaliza que un niño sin dinero juegue como pueda. De hecho, yo fui ese niño.

Durante años pirateé casi todo. Cuando empecé a tener mi propio dinero, dejé de hacerlo y pasé a comprar. No porque me convirtiera de pronto en una persona moralmente superior, sino porque podía hacerlo. Y si puedo pagar por algo que me importa, prefiero pagarlo.

Lo que no compro es convertir la piratería en una especie de respuesta universal cada vez que una empresa toma una decisión que no nos gusta.

Una cosa es entender la piratería como acceso cuando no hay alternativa real. Otra muy distinta es usarla como castigo moral mientras seguimos queriendo que los estudios hagan juegos cada vez más grandes, más caros y más ambiciosos.

Si el modelo de Sony no te gusta, me parece perfecto que no compres su consola. Me parece perfecto que te vayas a PC. Me parece perfecto que apoyes a GOG, a Steam, a Nintendo, a Xbox, a una portátil tipo Steam Deck o a cualquier otra alternativa.

Pero no creo que “pues pirateo” sea una respuesta especialmente brillante cuando hablamos de consumidores adultos con capacidad de pagar.

La preservación de videojuegos no depende solo del formato físico

La preservación me importa. Mucho, de hecho.

Los videojuegos son cultura, memoria tecnológica, diseño, música, narrativa, industria y experiencia colectiva. Sería absurdo tratarlos como productos desechables sin valor histórico.

Pero mi forma de entender la preservación está bastante alejada de la postura más purista, esa que parece querer resolverlo todo mediante leyes que obliguen a las compañías a preservar de una forma concreta cualquier producto comercial.

No creo demasiado en ese tipo de obligaciones cuando hablamos de ocio. Hay ámbitos donde las obligaciones son necesarias porque hablamos de cosas esenciales para el ser humano. Alimentación. Sanidad. Derechos básicos. Pero PlayStation no es eso. Los videojuegos no son eso, por mucho que nos importen.

Eso no significa que la preservación no importe. Significa que creo más en archivos, museos, instituciones, iniciativas privadas y proyectos especializados que en imponer por ley que cualquier producto comercial tenga que existir eternamente en las condiciones que quiera el consumidor.

Un ejemplo que me gusta es GOG. Su iniciativa de preservación va justo en esa línea: recuperar, mantener y hacer accesibles juegos antiguos desde una iniciativa privada. De hecho, participo pagando una suscripción mensual como GOG Patron, porque esa forma de preservación me parece más realista y útil que limitarlo todo a conservar cajas en una estantería.

Colección de juegos y consolas de Nintendo con cartuchos de Game Boy, Nintendo Switch y juegos físicos
Conservar objetos físicos no es lo mismo que preservar un videojuego.

Además, siempre me ha parecido raro mezclar preservación y formato físico como si fueran casi sinónimos.

Un disco se degrada. Una caja se pierde. Un cartucho falla. Una consola deja de funcionar. Un manual se rompe. Guardar un producto físico no es preservar un videojuego: es conservar una copia comercial durante un tiempo indeterminado.

Preservar de verdad implica mucho más: documentación, compatibilidad, copias redundantes, emulación, contexto histórico, accesibilidad y mantenimiento.

Que desaparezca el formato físico no implica necesariamente que la preservación tenga que empeorar. Podría empeorar, sí. Pero también podría mejorar si el esfuerzo se dirige a sistemas de archivo más serios que acumular plástico en una habitación.

Y lo digo como alguien que acumula bastante plástico en una habitación.

El formato digital también evita una parte de la especulación

Uno de los miedos más repetidos es que, si todo pasa por lo digital y Sony controla la tienda, los precios subirán o habrá menos competencia.

Ese miedo tiene sentido, sobre todo si hablamos de una consola cerrada donde la PS Store fuese la única vía de compra. No voy a fingir que no hay un riesgo real ahí.

Pero hay otra parte de los precios de la que casi nadie habla: el formato físico también tiene sus propias distorsiones.

Cuando hay pocas unidades de un juego, cuando una edición se agota o cuando un título se vuelve de culto, los precios pueden dispararse de forma absurda. Y eso no pasa en digital.

Para el coleccionista, la escasez puede formar parte del atractivo. Para el jugador normal que solo quiere jugar, la escasez física puede ser una pesadilla.

Hay juegos que en físico se convierten en objeto de especulación mientras en digital siguen estando disponibles a un precio razonable, o al menos vuelven de oferta de forma recurrente. El digital elimina una parte de esa locura: no hay unidades limitadas, no hay reventa inflada, no hay que pagar tres cifras porque llegaste tarde a una tirada pequeña.

El físico protege algunas cosas, sí. Pero el digital también protege otras: disponibilidad, reposiciones infinitas, ofertas constantes y ausencia de especulación por falta de unidades.

De nuevo, no digo que una cosa sea perfecta y la otra horrible. Digo que el debate tiene más caras.

Sony puede equivocarse, y quizá eso es lo que más se olvida

También se habla mucho del posible monopolio de Sony si PlayStation se vuelve una plataforma completamente digital.

Y aquí hay una diferencia importante con el PC. Steam domina muchísimo, pero el PC no es Steam. Puedes comprar en GOG, Epic Games Store, Humble, itch.io, tiendas de claves, launchers propios o directamente al desarrollador. En PlayStation, si todo pasa por la PS Store, el control de Sony sería mucho más fuerte.

Esa preocupación es legítima.

Ahora bien, tampoco veo tan claro que Sony pueda hacer cualquier cosa sin consecuencias. A veces hablamos como si tuviera garantizado que puede quitar el lector, cerrar aún más el ecosistema, subir precios y conservar a todo el mundo igualmente.

Pero eso no está garantizado.

Si una PlayStation sin formato físico no convence, mucha gente puede no comprarla. Puede irse a PC. Puede quedarse en generaciones anteriores. Puede jugar en Nintendo. Puede probar una portátil tipo Steam Deck. Puede esperar a ofertas. Puede jugar menos de lanzamiento. Puede cambiar sus hábitos.

Sony no está tomando decisiones sin riesgo. Está haciendo una apuesta de negocio que puede salirle bien o puede salirle mal.

Y si realmente el mercado digital cerrado alcanzara un nivel de control demasiado grande, tampoco me parece imposible que acabaran entrando presiones regulatorias para abrir más tiendas, igual que ya está ocurriendo en otros sectores tecnológicos. No digo que vaya a pasar seguro, pero tampoco compro la idea de que Sony vaya a poder hacer literalmente cualquier cosa sin presión del mercado, de reguladores o de la competencia.

PlayStation no es alimentación ni sanidad. Es ocio. Me puede gustar más o menos lo que haga Sony, pero no creo que una empresa tenga que estar obligada a incluir un lector en un producto de entretenimiento si su apuesta comercial va por otro lado.

Mi libertad como consumidor está en decidir si ese producto me interesa o no.

Y “no comprar” no es una frase vacía. Es literalmente la herramienta más poderosa que tenemos cuando hablamos de ocio.

Defender el formato físico sin convertirlo en religión

Ojalá el formato físico siga existiendo muchos años. Lo digo como alguien que compra físico, colecciona físico y disfruta viendo sus juegos en la estantería.

Pero no quiero defenderlo convirtiéndolo en una religión.

El físico tiene ventajas enormes. También tiene incomodidades, especulación, dependencia de unidades limitadas y una relación con la preservación bastante más débil de lo que solemos admitir.

El digital tiene riesgos evidentes, sobre todo en ecosistemas cerrados. También tiene ventajas reales para el jugador: disponibilidad, comodidad, acceso inmediato, ofertas constantes y ausencia de escasez física.

Por eso me cuesta sumarme al grito de “Sony mala, jugadores buenos”. La realidad es más incómoda.

Y quizá precisamente por eso merece la pena hablar de ella.

No estoy defendiendo que desaparezca el formato físico. No estoy celebrando que Sony empuje el mercado hacia un futuro más digital. No estoy diciendo que quienes están enfadados no tengan motivos.

Solo digo que defender el formato físico no debería obligarnos a fingir que todo lo asociado a él es perfecto.

La segunda mano tiene ventajas enormes, pero también efectos económicos. La piratería puede ser comprensible en ciertos contextos, pero no puede convertirse en respuesta automática. La preservación no se resuelve guardando discos. Los precios digitales pueden ser peligrosos, pero la escasez física también castiga al jugador. Y Sony puede tomar decisiones que no nos gusten sin que eso sea necesariamente un ataque personal contra nosotros.

Y no he querido entrar en el tema DRM. Pero es gracioso, o como mínimo curioso, que puedas tener un juego como propiedad real al comprarlo en GOG y al lado una copia física de ese juego que no lo incluye y solo es un disco que requiere conexión a internet. La conversación tiene muchísimas capas.

Si el nuevo modelo no convence, la respuesta es sencilla: no comprar.

El mercado ya dirá si Sony se ha adelantado demasiado, si ha calculado mal o si, nos guste o no, la mayoría de jugadores está más preparada para abandonar el formato físico de lo que decimos en redes.

Pero no voy a fingir que esta conversación es tan simple como “Sony mala, jugadores buenos”.